
Los bifenilos policlorados, o BPC, integraban la lista original de sustancias químicas conocidas como la "docena sucia" que son controladas por el Convenio de Estocolmo, un tratado internacional en materia ambiental cuyo objetivo es eliminar o restringir la producción y el uso de contaminantes orgánicos persistentes (COP). Si bien la producción de BPC se detuvo hace mucho tiempo, estas sustancias se siguen utilizando en sistemas de generación y transmisión de energía eléctrica hasta el día de hoy. El motivo es que gran parte del equipamiento que contiene BPC sigue en funcionamiento y sería demasiado oneroso para muchas empresas de servicios públicos reemplazar de una vez todos sus equipos con BPC, que incluyen transformadores y condensadores. Por lo tanto, el desafío es encontrar la manera de operarlos de forma segura sin contaminar los equipos que no tienen BPC, y qué hacer con ellos y con los BPC que contienen una vez que su vida útil ha finalizado.
Para hacer frente al problema, el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (FMAM) financia proyectos que respaldan la eliminación y el tratamiento seguro de los equipos que cayeron en desuso, además de apoyar la implantación de sistemas de gestión ambiental adecuada para los equipos que siguen en funcionamiento. Estos sistemas permiten confeccionar un inventario de equipos que contienen BPC y adoptar procedimientos de mantenimiento especializados para realizar las tareas de servicio necesarias hasta el fin de su vida útil. También prevén el almacenamiento provisorio de los equipos cuando se sacan de servicio y el almacenamiento a corto plazo hasta que se alcanza una cantidad suficiente para la eliminación.
En algunos casos, durante la elaboración del inventario, se determina que el equipo se opera en lugares donde una eventual fuga supondría riesgos significativos para los seres humanos y para el medio ambiente. Durante un inventario realizado en México en el marco de un proyecto financiado por el FMAM y ejecutado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se detectó un gran transformador con BPC en una estación de bombeo de agua en Cuautitlán Izcalli, una ciudad que se encuentra a unas horas de distancia por carretera al norte de la Ciudad de México. Dado que el transformador se encontraba en una estación de agua, en vez de tratar de manipularlo en el lugar, el Gobierno de México eligió eliminar el aceite que contenía BPC y adaptar el transformador para que funcionara con aceite libre de esas sustancias.
Guillermo Román, coordinador nacional del proyecto, explicó: “Los aceites con BPC se extraen y se envían a un centro de eliminación de residuos peligrosos en Francia, mientras que el equipo se lleva a un centro de descontaminación en México, donde se limpia en profundidad de manera que la chatarra metálica se pueda reciclar”. Algunos materiales que no se pueden descontaminar en México también se envían al centro de Francia.
La destrucción de los equipos puede ser una tarea costosa, sobre todo para las pequeñas y medianas empresas, por lo cual a través del proyecto se alienta a las empresas a agrupar sus residuos. Así pueden lograr la eliminación incluso de un solo equipo a un precio razonable y de una manera segura y ambientalmente racional.
En el marco del proyecto también se llevó a cabo un relevamiento e inspección de talleres dedicados a la reparación y el mantenimiento de equipos eléctricos. Una de las conclusiones más importantes del inventario nacional fue que las prácticas inadecuadas de los talleres eran la causa principal de contaminación con BPC de los equipos nuevos y limpios, exponiendo al mismo tiempo a su personal a altos niveles de estas sustancias. Incluso es posible que en algunos casos los trabajadores de mantenimiento hayan puesto en riesgo a sus familias al llevar a su casa prendas de trabajo contaminadas con BPC.

Gracias al proyecto, mediante el cual se respaldó la adopción de una nueva norma, ahora es obligatorio desechar de una manera segura los equipos que contienen BPC. La nueva norma también está facilitando un mejor control y regulación de los talleres de mantenimiento eléctrico.
Hasta la fecha, a través del proyecto se ha capacitado a responsables de formular políticas, propietarios de equipamiento con BPC, talleres y personal de mantenimiento en técnicas para manipular y eliminar los BPC sin contaminar ni ocasionar riesgos para la salud.
“El proyecto ha permitido eliminar aproximadamente el 10 % de la cantidad total de BPC en México”, afirmó Guillermo Román.
Las partes en el Convenio de Estocolmo están trabajando para eliminar el uso de los BPC a más tardar en 2025, para cumplir con el plazo establecido. El FMAM ha respaldado este proceso mediante proyectos como el de México. No obstante, a medida que se aproxime la fecha límite, los Gobiernos deberán tomar la decisión difícil y costosa de reemplazar ahora todos los equipos con BPC, en lugar de esperar hasta 2025.
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